3. TRAYECTORIA HISTÓRICA: UN PERIPLO EXITOSO (1987-1991)
“Italia asistió con estupor a los arrolladores años del Milan de Sacchi. Su hegemonía fue menor en el calcio que en Europa”
Santiago Segurola
El Milan fue un equipo cuya habilidad defensiva fue empleada para desplegar un torrente de recursos en ataque que le permitió elevarse hasta la categoría de leyenda. Sin detenernos exclusivamente en los títulos, el Milan nos dejó como advertía Jaime Rincon en Marca.com “ el recuerdo permanece de un fútbol de alta escuela, con conceptos pioneros que dieron una vuelta de tuerca más a este deporte, y una filosofía de juego compleja a la par que atractiva. Su defensa en zona, la presión adelantada la ocupación de los espacios en ataque marcaron la seña de identidad en un equipo surgido del cerebro de un genio de los banquillos: Arrigo Sacchi.”
La llegada de Sivio Berlusconi, fue el aterrizaje de un personaje que intuía que el fútbol podía acercarle a esas cuotas de popularidad y poder que no te ofrecen por si solas la empresa. Berlusconi sabía que para reflotar la nave rossonera debía poner dinero y paciencia. Ansiaba convertir el Milán en el equipo de todos los italianos, ocupar el lugar en el corazón de los transalpinos que ocupaba la Juve, la Vecchi Signora, el equipo de Italia, el grande por antonomasia.
Nos cuenta Jaime Rincón en Marca.com como Berlusconi descubrió a su media naranja “sin embargo, faltaba un talento en el banquillo que supiera encajar todas las piezas y liderara con personalidad un proyecto ambicioso. Esa punta del iceberg llegó en un partido de Copa donde, un recién ascendido Parma protagonizaba el primer revés de la ‘era Berlusconi’. Al finalizar el encuentro, el mandatario ‘rossonero’ preguntó a un ayudante: “¿Cómo se llama el entrenador del Parma?” “Arrigo Sacchi”- repuso-. “¿Arrigo qué?”. Jamás se le volvería a olvidar ese nombre. Ahí arrancaba el mejor Milan de la historia.”
Berlusconi de la mano de su inseparable Galliani, se lanzaron a la búsqueda de esa columna que debía acompañar a los jugadores de casa, los Baresi, Costacurta, Tassotti y el incipiente Paolo Maldini. Pronto llegaron a Milanello Galli de la Fiorentina, Donadoni de la Cremonese, Colombo del Avellino, Ancelotti de la Roma, Virdis de la Juve o Evani de la Sampdoria. Pero los tres jugadores que dieron el salto de calidad a esa plantilla fueron los “tres tulipanes”: Gullit, Rijkaard y Van Basten.
El saldo de títulos de Sacchi al frente del milan fue un Scudetto, una Supercopa de Italia, dos Copas de Europa, dos Supercopas de Europa y dos Intercontinentales
En el primer año con Sacchi al frente, ese Milan alzó el ‘Scudetto’ y la Supercopa de Italia. Los rossoneri se recuperaron de un pobre inicio, y pese a la lesión de Van Basten, lograron mantener el ritmo del Nápoles que lideraba el mejor jugador de todos los tiempos, D.A.Maradona. Memorable es el partido donde el Milán, merced a un gol de Van Basten y dos de Virdis vencen en terreno napolitano y tiñen el scudetto de rojo y negro.
El gran objetivo del Milán era imponer su dominio en Europa, sería pues la copa de Europa el campo de batalla donde Sacchi conseguiría los éxitos que lo catapultarían definitivamente, paradójicamente sería Europa su tumba definitiva en 1991.
En esa edición de 1989 de la Copa de Europa nos cuenta Jaime Rincón que: “El Milan sufrió en los inicios ante un gran Estrella Roja y un correoso Werder Bremen. A partir de ahí, llegó la exhibición. Vapuleó en un partido histórico al Madrid de la ‘Quinta del Buitre’ con una manita grabada a fuego en el corazón de los merengues y, en la final, se paseó ante el Steaua de Bucarest de Lacatus y Hagi (4-0) con sendos ‘dobletes’ de Gullit y Van Basten. Muy pocas veces se vio ganar a un equipo máxima competición continental con la suficiencia que lo hizo el de Sacchi.”
La obsesión por defender el cetro europeo haría que el Milán no pudiese renovar el scudetto, que sería coto privado del inter de los alemanes (1989) y nuevamente del Nápoles del Pelusa(1990)
Para explicar el nuevo título europeo alzado por el Milan, atendemos de nuevo al artículo de Jaime Rincón: “el Milan vuelve a saborear la gloria en el torneo más importante. De nuevo los ‘rossonero’ caminan con paso firme por los grandes estadios del resto del continente y el Madrid de la ‘Quinta del Buitre’, nuevamente, o el siempre difícil Bayern de Múnich, se echan a un lado en el trayecto hacia un nuevo título. En Viena, ante el Benfica de Eriksson, un solitario tanto de Rijkaard es suficiente para que el Milan logre su segunda Copa de Europa consecutiva.”
El Milán tuvo tiempo de alzar dos supercopa europeas, la primera frente al Barcelona de Cruyff que vivía una primera etapa de construcción. Y la segunda contra Sampdoria.
Espectaculares fueron los dos triunfos conseguidos en la Copa Intercontinental, el primero frente al Nacional de Medellín del Pacho Maturana, que durante gran parte del partido, dominaron y pusieron frente a las cuerdas a los milanistas, más de 115´tuvo que esperar el conjunto de Sacchi para derrotar a los colombianos. El segundo triunfo fue más claro y rotundo 3.0 al Olimpia de Asunción del Paraguay.
Pero como contábamos previamente, la Copa de Europa fue el terreno donde Sacchi alimentó el mito, pero también fue el principio del fin, y es que como nos cuenta Jaime Rincón de nuevo: “Hay quien dice que esa etapa finalizó el día en el que los focos del Velodrome se apagaron. El Milan iba camino de su tercera Champions pero el Marsella se interpuso en su inmaculada trayectoria. Tras el 1-1 en Italia, el equipo de Sacchi caía por 1-0 cuando parte del terreno de juego se quedó a oscuras. Se detuvo el choque y el Milan, en señal de protesta, decidió no saltar al campo. La eliminatoria se le dio por perdida y las críticas no se hicieron esperar.”
Con esa derrota se ponía fin a un ciclo histórico. Los jugadores no aguantaban a un técnico obsesivo, que les hacía entrenar horas y horas cuestiones tácticas, la siguiente anécdota explicada por Santiago Segurola, nos permite entenderlo mejor. “La obsesión de Sacchi le ocupaba todos los minutos del día. Un día se acercó a Van Basten mientras el jugador almorzaba. Quería precisar un detalle del juego, un problema menor que a Sacchi le parecía inaplazable. Van Basten no aguantó más. Se giró y miró a Sacchi. ‘Mientras como, no’, contestó. Se acababa un ciclo fascinante.”

























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