Hillsborough, la pesadilla hecha realidad

David Giménez 5 noviembre, 2011 1

Los aficionados del Liverpool difícilmente se podrán quitar de la cabeza algún día dos fechas que desgraciadamente marcaron de negro el fútbol inglés. La primera, 1985, el escenario, el estadio de Heysel, Bélgica. El hooliganismo tan habitual en aquella época provoco que un buen número de aficionados del Liverpool asaltasen la zona donde estaban los hinchas de la Juventus, que no pudieron hacer nada más que huir de los ingleses y acumularse irremediablemente contra las vallas protectoras y el muro, hecho que provocó el fatal desastre. Allí fallecieron 39 personas (34 de ellas italianas) y más de 600 resultaron heridas.

Si Heysel fue un duro golpe para el futbol inglés y europeo, poco habituado a este tipo de desgracias, lo que pasó cuatro años después en Sheffield acabó por hacer reflexionar a todo el mundo y cambiar incluso el modelo que había instaurado des de los inicios de este deporte. Aquello fue, sin duda, un antes y un después, no tanto por cambiar la concepción del futbol que había en ese momento sino por modernizar las normas de seguridad y protección, poniendo en evidencia que muchos de los campos europeos a finales del siglo XX no cumplían con los mínimos exigidos.

El día, recordado seguro hoy en día por muchos aficionados, fue el 15 de abril de 1989. Cuatro años después de Heysel la tragedia volvería a asolar un campo de fútbol y, lamentablemente, con los mismos protagonistas que aquel día, con los aficionados del Liverpool.

El estadio de Hillsborough, situado en Sheffield, una típica población industrial del condado de South Yorkshire, era la sede escogida por la Federación inglesa para llevar a cabo una de las semifinales de la FA Cup que debía enfrentar a Liverpool y Nottingham Forest. El partido convocaba a unos 50.000 aficionados y se esperaba pues que el estadio estuviera hasta los topes. Demasiado. 

Los aficionados se acumulaban sin parar en las estrechas graderías del estadio

El partido debía empezar a les 15.00 en punto y des de hacía mucho rato las gradas no paraban de recibir más y más gente sin ningún tipo de control. Concretamente la tribuna oeste del estadio, Leepings Lane, donde un número insuficiente de policías no podía barrar el paso a la muchedumbre que quería entrar a cualquier precio, sí o sí. Así pues, la aglomeración de gente se iba haciendo cada vez más grande mientras el callejón de Leeping seguía atestado de gente, con entrada y sin ella, esperando para entrar. El caos era evidente y la tragedia se olía en el ambiente. 

Mientras tanto, el partido empezó puntualmente pero a las cámaras de la BBC no les interesaba lo que pasaba en el terreno de juego. La noticia estaba, sin duda, en las gradas donde el escenario era ya más propio de una película de terror. La policía era incapaz de solventar la situación y el agente encargado de la seguridad, David Duckenfield, carecía de experiencia pues había sido designado en el cargo hacía solo 19 días. Las esperanzas de arreglar aquella desgracia eran pues mínimas.

A los 7 minutos de juego el árbitro decidió suspender el encuentro ante tal terrible escenario. Los agentes de seguridad habían decidido abrir una de las puertas, hecho que provocó que la tribuna aún se llenara más rápido de gente, mientras que las que daban acceso al terreno de juego des de las gradas, seguían cerradas. Los jugadores de ambos equipos observaban horrorizados como la gente saltaba al terreno de juego como intentando huir de la muerte, del infierno que estaban sufriendo. Alan Hansen, el capitán del Liverpool, aún recuerda el aficionado que corriendo hacía él, le dijo: “Ahí dentro está muriendo nuestra gente”.  Otros, como el agente Tom Witheley, presente aquel día, reconocen el error de cometieron él y sus compañeros: “Cometimos el error de no salvaguardar la seguridad de los aficionados”, y añade, “al principio creía que se trataba de una invasión de campo sin más, pero pronto me di cuenta que teníamos una seria catástrofe en nuestras manos”.

Los cadáveres eran repartidos por el terreno de juego

Al fin 96 personas fallecieron en el suceso, todas del Liverpool. La incompetencia policial junto a unas condiciones precarias del estadio en cuanto a seguridad, hicieron que el desastre fuera irremediable.

Peter Taylor fue el juez designado para investigar la tragedia y, en sus conclusiones, propuso un nuevo escenario para la práctica del fútbol. Pese a que dictara el “Informe Taylor” y el “Football Spectators Act”, el gobierno de Margaret Thatcher archivó el caso. Dos décadas después la Cámara de los Comunes ha decidido recuperar los documentos para hacer justicia a las familias de las víctimas.

Sin embargo, si de algo sirvió la tragedia fue para recapacitar y remodelar el concepto de futbol que existía en esa época. Para que el hooliganismo tan típico de los hinchas ingleses pasara a mejores épocas y la seguridad de los estadios mejorara con creces, eliminando las vallas, obligando a tener solo localidades de asiento y, en definitiva, evitando cualquier tipo de disgusto como el de Sheffield, donde los aficionados que venían a disfrutar de un gran partido, acabaron por sufrir el mayor de los horrores posibles.

Los 96 fallecidos ese día siguen siendo recordados

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